domingo, 16 de noviembre de 2008

La IX Carrera Popular GRUTEAR

Hoy unos cuantos del BT hemos ido a hacer una carrerita de esas de 10 Km que normalmente me dejan para el arrastre. Los bestias en cuestión hemos sido Jazon, Chucky y un servidor.

La carrera era en Alcalá de Henares, ciudad bonita donde las haya y se suponía que empezaba a las 11:00. Para apuntarnos, quedamos a las 9:30 en la salida en la Plaza de Cervantes, con el propósito de tener asegurada la camiseta. Al final el tema de aparcar estuvo complicado y para cuando llegaron mis compañeros de (futuras) fatigas yo ya había terminado la cola y tenía las tres camisetas y los dorsales.

Chucky casi se niega a correr cuando se enteró, al ver su flamante camiseta, de que se trataba de una carrera contra el alcoholismo. La verdad es que fueron muy astutos, organizando una carrera un domingo por la mañana te aseguras de que por lo menos el sábado los que van a correr no se agarren una moña de agárrate y no te menées. Ese fue el motivo por real el cuál otros miembros esporádicos del BT prefirieron quedarse en casa, aunque anteriormente alegaron que estaban en baja forma.

Como yo también estaba en pésima forma (desde La Melonera en Septiembre no había vuelto a correr nada más que la semana pasada dos veces, ninguna de ellas pasando de veinte minutos), decidí jugar sucio y doparme. Así que me fui a por un Red Bull, a ver si era verdad eso de que daba alas.

A las 10:30 ya me había terminado el Red Bull, esperando que el pico de máximo subidón producido por la cafeina y todas las mierdas que lleva ese cocktail mortal coincidiese con el momento de máximo bajón producido por el cansancio (la verdad es que debería haberme informado un poco antes, porque sinceramente no tengo ni puta idea de cuánto tarda en hacer efecto esa mierda, pero intuyo que poco). Nos pusimos a hacer unos estiramientos, que yo propuse que fuese de la forma más obscena posible, a ver si con eso conseguíamos desmotivar a algunas participantes y así ganábamos posiciones en el ranking de paquetes.

Entre la gente que calentaba a nuestro alrededor pude ver a uno con la camiseta de la X Intercampus, que ya tuve el honor de sufrir hace 9 meses y cuya camiseta me había traído también, pero ya había pegado el cambiazo por la nueva de la carrera actual (es lo bueno de que te la den a la salida y no a la llegada).

Mis colegas sugirieron que trotásemos un poco para calentar nostros también, cosa a la que yo me negué de plano... coño, si ya me cuesta terminar la carrera, prefiero guardarme esos metros de trote para cuando realmente hagan falta; ya calentaríamos trotando en la dirección adecuada una vez dado el pistoletazo.

Por desgracia, el pistoletazo tardó en llegar más de lo que pensábamos. Entre pitos y flautas, la carrera de los senior (qué viejo se siente uno cuando le llaman senior) empezó a las 12:00, así que si en algún momento el Red Bull me dio realmente alas, ya se me habían caído todas las plumas hace un buen rato.

La estrategia de carrera era sencilla: salir en el grupo del final para no desanimarnos viendo cómo nos adelanta la gente y mantener un ritmo constante de exactamente 1Km cada 6 minutos, para así terminar sin pararnos en 1 hora justa. La cosa parecía bastante sencilla, hasta que después de unos 10 minutos corriendo nos dimos cuenta de que no había hitos indicandos los kilómetros para poder calibrar nuestra marcha.

El plan B fue seguir a un abuelete, que los jodíos parecen relojes corriendo. Fue un poco triste ver cómo se nos escapaba aproximadamente a los 2 Kms. A pesar de que el abuelete campeón nos dejase atrás, tampoco íbamos mal, nos habíamos encasquetado en un pelotón de cola bastante surtido del cuál se iba cayendo gente de vez en cuando e incluso pasábamos a algunos que nos habían cogido la delantera en la salida.

Pude constatar que eso que decían de que el circuito era completamente llano no era del todo cierto, al cabo del rato yo tenía la sensación de que había una ligera pendiente ascendente que predominaba todo el recorrido, cosa por otra parte imposible en una ruta circular.

Yendo como íbamos en la cola, teníamos el inconveniente de que nos encontrábamos con mucha gente por las calles, que no es que estuviesen cortadas de la mejor manera posible, incluso nos cruzamos con algún coche y todo. Yo de vez en cuando aprovechaba para mirar los edificios, pero tampoco voy a engañaros, no tuve oportunidad de disfrutar demasiado de la arquitectura complutense, porque mi vista fue bajando progresivamente hasta quedarse clavada en el tortuoso progresar de mis pies.

Para hacer los 10.000m había que dar 2 vueltas al circuito establecido de 5.000m (las matemáticas funcionan), y cuando pasamos por la meta la primera vez, en 26 minutos, yo hice balance de la situación y no tuve más remedio que rendirme a la abrumadora evidencia de que tenía que pararme.

Por una parte, las sensaciones en los pies al salir no eran buenas, he estado machacando mucho los tobillos últimamente con ejercicios para fortalecer la musculatura de la zona y evitar posibles lesiones y me estaban dando toquecillos desde el comienzo de la carrera. El cansancio también era bastante palpable, 5.000m del tirón era más de lo que había hecho en unos cuantos meses juntos. Además, ahí pude ver el puesto de avituallamiento, con sus coca-colas, sus aquarius y sus botellitas de agua mineral. Si a eso se sumábamos que había quedado por la tarde con los colegas de la universidad, la cosa estaba totalmente cristalina. Mi carrera había terminado ahí.

Si la carrera hubiese sido lineal, habría hecho alarde de huevos y al grito de ¡¡¡BESTIA TEAM!!! habría sacado fuerzas de donde hiciera falta para llegar a la meta, pero coño, es que dando dos vueltas te lo ponen muy a huevo para detenerte y no seguir. Parece que te están provocando para que te pares. Tomé un atajo para llegar hasta un punto de intersección con mis camaradas cerca del último cuarto del circuito y fui andando en sentido contrario para ver si me los cruzaba.

En cuanto vi a Jazon solo, ya me temía que Chucky se hubiese quedado tirado por el camino, pero venía algo rezagado unos cientos de metros más atrás. Aprovechando que yo ya estaba fresco como una rosa, decidí acompañar a Jazon y a otro corredor que se nos había adobado cuando íbamos terminando la primera vuelta hasta la definitiva línea de meta.

Cuando ya quedaban escasos 500 metros, el adobado rompió a potar como si de una fuente se tratase. Borbotones de vómito compuesto por sustancias indefinidas fueron a parar a la acera. Yo me quedé a animarle un rato para que terminase la carrera y de paso para asegurarme de que no se nos moría por el camino. Ya por pura curiosidad le pregunté que qué había desayunado - tostada - me dijo él. Así que ya sabéis qué no hay que tomar antes de una carrera.

Al final cruzamos la línea de meta y poco después llegó Chucky. En ese momento, no pude alegrarme más de haberme parado en la primera vuelta, porque para cuando quisieron ir a refrescarse, ya no quedaba nada en el puesto de bebidas.

Así que como hoy no he hecho el Bestia como Chuck manda, me voy a poner de deberes seguir entrenando esta semana y correr el domingo que viene otra carrera de 10.000m y si no hay tocada de huevos (como que sea en dos vueltas, que la carne es débil), intentaré terminarla mejorando mi marca de la X Intercampus (10.000 en 1:05) y de La Melonera (que eran 10.800m en 1:12).

miércoles, 8 de agosto de 2007

La XXIX Travesía a nado Ría de Vigo

Este texto relata los inicios del Bestia Team, está escrito en parte en el momento posterior a los hechos descritos y también un año después.

El sábado pasado salí con unos colegas hacia Vigo, para participar algunos (sólo el Figura, Chucky y yo) en una travesía a nado en la ría. El viaje estuvo plagado de anécdotas, así que voy a contar algunas de la más cachondas:

En la autovía de las rías bajas nos pasó un un Seat León sin matrícula... como estaba nuevecito e iba en plan mascachapas por una zona con radares pensamos que lo más probable no era que se le hubiese caído, sino que la quitó para evitar salir en las fotos, así que le dije al Figura que deberíamos denunciarle, con dos cojones, así que llamó al 112 y le dio a la operadora los datos de la carretera, el punto kilométrico, el modelo y el color del coche. Pasó una media hora mientras nosotros nos preguntábamos si se lo habrían fumado o no y nada más salir de un túnel vemos al cani del León parado por la benemérita. No cupimos en nosotros del gozo y pasamos saludando con cortes de manga y chocando los cinco, congratulándonos por haber cumplido con nuestro deber de buenos ciudadanos. Deberían darnos a nosotros los puntos que le quitaron al mongólico ese.

Cuando paramos a comer, nuestros compañeros de viaje nos confirmaron que ellos habían visto que no sólo el León iba sin matrícula, sino que iba picándose con otro que tampoco la llevaba (y que también estaba parado por la G.C.).

Al reanudar el viaje pude comprobar que mi volante temblaba más de lo normal, así que le dije al Figura y a Jagore que se asomasen a ver si alguna rueda iba jodida... efectivamente, la delantera derecha que ya me había dado problemas antes (seguramente porque es la que más empotro contra los bordillos) oscilaba al girar, tendría que revisarla al llegar. Unos cuantos kilómetros antes de llegar a Vigo, el coche comienza a vibrar demasiado y pierde estabilidad, así que me voy al arcén con las luces de emergencia mientras voy frenando el coche suavemente... mientras hago la maniobra de detención nos adelanta un coche de la guardia civil, que pasa olímpicamente de nuestro problema y sigue su camino (claro, aquí no hay multa de por medio y como ellos van a comisión...).

Jagore y yo nos ponemos los chalecos reflectantes y salimos a ver qué tal está la rueda. Efectivamente, lo que nos temíamos: está reventada. Sacamos los triángulos del maletero, que estaban algo destartaladillos (joder, tanto rollo con la homologación de los triangulitos de los cojones y luego mira qué calidad tienen), y los colocamos en el arcén a los preceptivos 25 y 50 metros del coche. Mientras tanto, el Figura se está asando dentro del coche y no hay chaleco para él, así que sale y se va detrás del guardarrail y se pone a echar una meada entre la maleza. Tardamos unos 10 minutos en cambiar la rueda por la de repuesto y continuamos, con extrema precaución.

Hacemos la entrada triunfal en Vigo y damos con la casa de Chucky a la primera... Jagore todavía piensa que fue su habilidad y no pura potra. Nos reunimos con el resto de la peña y nos vamos a la playa a nadar un poco.

Tras un rato haciendo el moñas en el agua, me despisto del Figura y Chucky y me pongo a vagar por la playa a ver si encuentro al resto con las toallas; pero ser miope en una zona abarrotada de gente es muy jodido. Al final me topo con ellos por casualidad y me dicen que el Figura y Chucky están acojonandos, pensando que me ha dado un jame y me he quedado por ahí tieso... me acerco a la orilla donde están y no os creáis que estaban oteando el horizonte para ver si veían mi cadáver flotando, estaban hablando tranquilamente con una MQNMF (si todavía hubiese sido una MQMF...); que por lo visto también iba a participar al día siguiente en la travesía. Total, que nos pegamos otro chapuzón y salimos todos con los pezones como para picar hielos. Nos secamos y nos vamos de compras.

Llegamos al Alcampo y empieza el frenesí consumista: alcohol, 40 petitsuisses de fresa, jamón, más alcohol, cereales de chocolate, leche semidesnatada, más alcohol, 28 piezas de fruta, unos cuantos kilos de pasta y arroz, carne picada, más alcohol... se dieron unas cuantas situaciones extrañas, como los gayumbos que el Figura se había comprado (es que no se había llevado) llenos de leche al romperse un tetrabrik (realmente grotesco) o los pesajes un tanto irregulares que hicimos de los cereales y la fruta.

La casa de Chucky se convirtió en nuestro particular Valhalla. Nos pasamos todo el rato comiendo, bebiendo cerveza (y otras cosas) y viendo videoclips de Heavy Metal (entre otras cosas). Mi cultura metalera ganó unos cuantos puntos al conocer a Doro Pesch y saber que la mítica canción de Manolo Kabezabolo "Véndemlo" no era otra cosa que un refrito de otra de los Judas Priest.

Íbamos a hacer un buen acopio de energía y moral para el día siguiente. Nos haría falta en grandes cantidades.

De cena, unos platazos de macarrones con carne y salsa por doquier... con dos cojones. Luego cubatillas, más heavy metal y a dormir.

A la mañana siguiente nos levantamos a una hora prudencial para poder desayunar y tener la digestión hecha antes de nadar, aunque el Figura ya se había levantado de madrugada para meterse otro plato de pasta para el cuerpo y tenerla asimilada para cuando llegase el momento de la verdad.

Nos vamos a la playa y empezamos con los temas de logística. Es jodido eso de que ahora todos los coches funcionen con mandos a pilas para abrirse; no te los puedes meter en el bañador y pegarte un chapuzón (si luego quieres volver a entrar en el coche, claro). Al final desmontamos la parte electrónica de la tarjeta (era un Renault de esos de los modernos) y Chucky se ató a los huevos la parte más puramente mecánica, dejando el resto en el maletero.

Nos dimos unas carreritas por la orilla para calentar y catamos un poco el agua, que estaba fría de cojones. Recogemos nuestro gorro con el numerito y nos vamos a la salida a confraternizar con algunos nadadores más, entre los cuales está el tío de Chucky, con un par.

El Figura ya nos deja claro que él va a ir a su bola, que quiere hacer una buena marca, así que Chucky y yo haremos piña por si alguno se ahoga, que tire del otro hacia el fondo.

Dan la salida y corremos cual Mich Buchanan (con todas las lorzas al viento) hacia el agua. El comienzo de la prueba es un poco caótico, siempre hay un pelotón y uno puede tomar dos decisiones: o te esfuerzas por dejar al pelotón atrás y luego te cansas y te quedas atrás o esperas a que ya se cansen ellos.

Chucky y yo nos lo tomamos a lo tranquilo, sabiendo que la distancia pondría a cada uno en su lugar. Y así fue, a pesar de no matarnos demasiado en la salida, pudimos ir batiendo tranquilamente a los octogenarios.

La sensación es un poco extraña, ya que hace un frío de cojones, que te anima a seguir nadando, pero también evita que puedas recibir un feedback correcto de los músculos. Después de un rato nadando sin demasiado sentido noto que ya no tengo gente a mi alrdedor. Me he desorientado un poco y tengo que ir rectificando el trazado hacia las boyas.

Cuando ya he hecho aproximadamente dos tercios del recorrido (que es una especie de triángulo), llega el momento de empezar a variar estilos. Un ratito a braza, otro ratito a espalda, otro poquito más a crol. Y así va progresando la cosa.

Al final consigo llegar a la orilla lo suficiente como para hacer pie y Chucky que ha llegado unos segundos antes me está esperando. Pasamos por la meta juntos, en un gesto de deportividad y compañerismo por parte de Chucky muy de agradecer.

Llegamos en los puestos 206 y 207 respectivamente, de unas 300 personas que habían apuntadas, lo cuál no está nada mal. El Figura creo que llegó cerca del puesto 80, meritorio, pero sin duda no era lo que él se esperaba (todavía mantenía la esperanza de aspirar a algún trofeillo y todo). Hay que entenar más.

A partir de ese momento empezamos a congtratularnos por nuestra gesta y a exclamar "¡Qué bestias!", lo cuál acabó degenerando al cabo del día en "¡Bestia Team!" mientras nos golpeábamos el pecho como signo de hombría y masculinidad absolutas.

El resto, es historia.

Vale, no lo es, pero los comienzos siempre quedan mejor si se terminan así.