miércoles, 8 de agosto de 2007

La XXIX Travesía a nado Ría de Vigo

Este texto relata los inicios del Bestia Team, está escrito en parte en el momento posterior a los hechos descritos y también un año después.

El sábado pasado salí con unos colegas hacia Vigo, para participar algunos (sólo el Figura, Chucky y yo) en una travesía a nado en la ría. El viaje estuvo plagado de anécdotas, así que voy a contar algunas de la más cachondas:

En la autovía de las rías bajas nos pasó un un Seat León sin matrícula... como estaba nuevecito e iba en plan mascachapas por una zona con radares pensamos que lo más probable no era que se le hubiese caído, sino que la quitó para evitar salir en las fotos, así que le dije al Figura que deberíamos denunciarle, con dos cojones, así que llamó al 112 y le dio a la operadora los datos de la carretera, el punto kilométrico, el modelo y el color del coche. Pasó una media hora mientras nosotros nos preguntábamos si se lo habrían fumado o no y nada más salir de un túnel vemos al cani del León parado por la benemérita. No cupimos en nosotros del gozo y pasamos saludando con cortes de manga y chocando los cinco, congratulándonos por haber cumplido con nuestro deber de buenos ciudadanos. Deberían darnos a nosotros los puntos que le quitaron al mongólico ese.

Cuando paramos a comer, nuestros compañeros de viaje nos confirmaron que ellos habían visto que no sólo el León iba sin matrícula, sino que iba picándose con otro que tampoco la llevaba (y que también estaba parado por la G.C.).

Al reanudar el viaje pude comprobar que mi volante temblaba más de lo normal, así que le dije al Figura y a Jagore que se asomasen a ver si alguna rueda iba jodida... efectivamente, la delantera derecha que ya me había dado problemas antes (seguramente porque es la que más empotro contra los bordillos) oscilaba al girar, tendría que revisarla al llegar. Unos cuantos kilómetros antes de llegar a Vigo, el coche comienza a vibrar demasiado y pierde estabilidad, así que me voy al arcén con las luces de emergencia mientras voy frenando el coche suavemente... mientras hago la maniobra de detención nos adelanta un coche de la guardia civil, que pasa olímpicamente de nuestro problema y sigue su camino (claro, aquí no hay multa de por medio y como ellos van a comisión...).

Jagore y yo nos ponemos los chalecos reflectantes y salimos a ver qué tal está la rueda. Efectivamente, lo que nos temíamos: está reventada. Sacamos los triángulos del maletero, que estaban algo destartaladillos (joder, tanto rollo con la homologación de los triangulitos de los cojones y luego mira qué calidad tienen), y los colocamos en el arcén a los preceptivos 25 y 50 metros del coche. Mientras tanto, el Figura se está asando dentro del coche y no hay chaleco para él, así que sale y se va detrás del guardarrail y se pone a echar una meada entre la maleza. Tardamos unos 10 minutos en cambiar la rueda por la de repuesto y continuamos, con extrema precaución.

Hacemos la entrada triunfal en Vigo y damos con la casa de Chucky a la primera... Jagore todavía piensa que fue su habilidad y no pura potra. Nos reunimos con el resto de la peña y nos vamos a la playa a nadar un poco.

Tras un rato haciendo el moñas en el agua, me despisto del Figura y Chucky y me pongo a vagar por la playa a ver si encuentro al resto con las toallas; pero ser miope en una zona abarrotada de gente es muy jodido. Al final me topo con ellos por casualidad y me dicen que el Figura y Chucky están acojonandos, pensando que me ha dado un jame y me he quedado por ahí tieso... me acerco a la orilla donde están y no os creáis que estaban oteando el horizonte para ver si veían mi cadáver flotando, estaban hablando tranquilamente con una MQNMF (si todavía hubiese sido una MQMF...); que por lo visto también iba a participar al día siguiente en la travesía. Total, que nos pegamos otro chapuzón y salimos todos con los pezones como para picar hielos. Nos secamos y nos vamos de compras.

Llegamos al Alcampo y empieza el frenesí consumista: alcohol, 40 petitsuisses de fresa, jamón, más alcohol, cereales de chocolate, leche semidesnatada, más alcohol, 28 piezas de fruta, unos cuantos kilos de pasta y arroz, carne picada, más alcohol... se dieron unas cuantas situaciones extrañas, como los gayumbos que el Figura se había comprado (es que no se había llevado) llenos de leche al romperse un tetrabrik (realmente grotesco) o los pesajes un tanto irregulares que hicimos de los cereales y la fruta.

La casa de Chucky se convirtió en nuestro particular Valhalla. Nos pasamos todo el rato comiendo, bebiendo cerveza (y otras cosas) y viendo videoclips de Heavy Metal (entre otras cosas). Mi cultura metalera ganó unos cuantos puntos al conocer a Doro Pesch y saber que la mítica canción de Manolo Kabezabolo "Véndemlo" no era otra cosa que un refrito de otra de los Judas Priest.

Íbamos a hacer un buen acopio de energía y moral para el día siguiente. Nos haría falta en grandes cantidades.

De cena, unos platazos de macarrones con carne y salsa por doquier... con dos cojones. Luego cubatillas, más heavy metal y a dormir.

A la mañana siguiente nos levantamos a una hora prudencial para poder desayunar y tener la digestión hecha antes de nadar, aunque el Figura ya se había levantado de madrugada para meterse otro plato de pasta para el cuerpo y tenerla asimilada para cuando llegase el momento de la verdad.

Nos vamos a la playa y empezamos con los temas de logística. Es jodido eso de que ahora todos los coches funcionen con mandos a pilas para abrirse; no te los puedes meter en el bañador y pegarte un chapuzón (si luego quieres volver a entrar en el coche, claro). Al final desmontamos la parte electrónica de la tarjeta (era un Renault de esos de los modernos) y Chucky se ató a los huevos la parte más puramente mecánica, dejando el resto en el maletero.

Nos dimos unas carreritas por la orilla para calentar y catamos un poco el agua, que estaba fría de cojones. Recogemos nuestro gorro con el numerito y nos vamos a la salida a confraternizar con algunos nadadores más, entre los cuales está el tío de Chucky, con un par.

El Figura ya nos deja claro que él va a ir a su bola, que quiere hacer una buena marca, así que Chucky y yo haremos piña por si alguno se ahoga, que tire del otro hacia el fondo.

Dan la salida y corremos cual Mich Buchanan (con todas las lorzas al viento) hacia el agua. El comienzo de la prueba es un poco caótico, siempre hay un pelotón y uno puede tomar dos decisiones: o te esfuerzas por dejar al pelotón atrás y luego te cansas y te quedas atrás o esperas a que ya se cansen ellos.

Chucky y yo nos lo tomamos a lo tranquilo, sabiendo que la distancia pondría a cada uno en su lugar. Y así fue, a pesar de no matarnos demasiado en la salida, pudimos ir batiendo tranquilamente a los octogenarios.

La sensación es un poco extraña, ya que hace un frío de cojones, que te anima a seguir nadando, pero también evita que puedas recibir un feedback correcto de los músculos. Después de un rato nadando sin demasiado sentido noto que ya no tengo gente a mi alrdedor. Me he desorientado un poco y tengo que ir rectificando el trazado hacia las boyas.

Cuando ya he hecho aproximadamente dos tercios del recorrido (que es una especie de triángulo), llega el momento de empezar a variar estilos. Un ratito a braza, otro ratito a espalda, otro poquito más a crol. Y así va progresando la cosa.

Al final consigo llegar a la orilla lo suficiente como para hacer pie y Chucky que ha llegado unos segundos antes me está esperando. Pasamos por la meta juntos, en un gesto de deportividad y compañerismo por parte de Chucky muy de agradecer.

Llegamos en los puestos 206 y 207 respectivamente, de unas 300 personas que habían apuntadas, lo cuál no está nada mal. El Figura creo que llegó cerca del puesto 80, meritorio, pero sin duda no era lo que él se esperaba (todavía mantenía la esperanza de aspirar a algún trofeillo y todo). Hay que entenar más.

A partir de ese momento empezamos a congtratularnos por nuestra gesta y a exclamar "¡Qué bestias!", lo cuál acabó degenerando al cabo del día en "¡Bestia Team!" mientras nos golpeábamos el pecho como signo de hombría y masculinidad absolutas.

El resto, es historia.

Vale, no lo es, pero los comienzos siempre quedan mejor si se terminan así.

No hay comentarios: